La alegoría de la caverna de Platón Edición 3.0 2020
- Pedro Overstrick
- 16 ago 2020
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 18 sept 2020

(créditos de imagen internet, serie Dark)
La alegoría o mito de la caverna es una analogía empleada por el filósofo Platón en el libro VII de la obra La República, escrita en el año 380 a. de C.
Es un relato referente a una caverna donde hay unos prisioneros encadenados desde su infancia obligados a mirar permanentemente hacia el fondo. Detrás de los prisioneros se encuentra un camino por el que pasan personas llevando sobre sus cabezas figuras de animales u otros objetos. El resplandor del fuego proyecta las sombras de estos objetos en el fondo de la caverna y una pared que llega hasta la altura de las cabezas de los hombres que los llevan impide que también se proyecte la sombra de ellos.
Platón imagina que allí hay un eco que repite las palabras de los que portan sobre sus cabezas los objetos de madera. El resultado es que para los prisioneros esas sombras que parecen hablar constituyen la única realidad. Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.
Plató se pregunta ¿qué sucedería si se liberara a un prisionero? Al encontrarse libre de sus cadenas querría erguirse, volver la cabeza, pero todos estos movimientos le causarían dolor y molestias pues su cuerpo no estaba acostumbrado a los mismos. Si se lo obligara a mirar en dirección del fuego, sus ojos habituados a percibir sombras se deslumbrarían y nada verían. Su tendencia sería volver a sus cadenas.
Si el prisionero fuese conducido hasta el exterior de la caverna. Allí, la visión de los objetos reales y la luz del sol cegaría inicialmente al prisionero y tendría el impulso de retornar a la caverna, pero, si logra vencer dicho impulso, pronto comprendería que esos objetos constituyen una realidad mucho más auténtica que la que percibía en la caverna.

(créditos de imagen internet)
La alegoría acaba cuando el prisionero entra nuevamente al interior de la caverna para "liberar" a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que haría que éstos se rieran de él. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva. Cuando este prisionero intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, éstos son capaces de matarlo y que efectivamente lo harán cuando tengan la oportunidad, con lo que se entrevé una alusión al esfuerzo de Sócrates por ayudar a los hombres a llegar a la verdad y a su fracaso al ser condenado a muerte (es decir que existe la posibilidad de que no todo aquel al que se guía a un mejor porvenir lo agradezca de una grata manera).
A pesar de que esta escritura es un eufemismo acerca de cómo los filósofos y maestros guiaban a otros al conocimiento en aquel entonces, para la realidad de hoy en día quizás encuentre un significado más amplio especialmente a la hora de hablar sobre las problemáticas que afrontamos 25 siglos después.

(créditos de imagen internet, serie Dark)
En resumidas palabras esta metáfora trata de ejemplificar de forma retórica cómo la mayoría de los seres humanos podemos pasar nuestra vida sumergidos en la ignorancia y falsas creencias, además que solo unos pocos llegan a un estado de percepción superior porque también es un proceso doloroso y hasta costoso en muchos sentidos. En este relato podemos realizar un análisis desde la perspectiva de la naturaleza humana, del ser, el conocimiento e incluso moral o política, bajo lo cual quizás sea pertinente el siguiente análisis:
La caverna puede ser una representación de muchas cosas como nuestra mente, nuestros ciclos sin cerrar, nuestra zona de confort. Dadas las circunstancias del covid-19 hasta podría ser nuestra casa en un sentido más tácito.
Las sombras remiten a la ignorancia, lo que nos hacen creer que viene desde lo sociocultural que conlleva a estereotipos, moldes. Tanta información que desinforma como la luz que desfigura la figura (información que desfigura la realidad).
Las cadenas de nuestra época pueden ser costumbres, opiniones, prejuicios, creencias irracionales, restricciones del gobierno e incluso medidas de bioseguridad.
La luz del sol representaría la realidad, la información (real), el saber objetivo, el autoconocimiento o potencial.
¿Cuántas veces no hemos sido (o somos) esclavos y prisioneros de nuestra ignorancia, lastrados por la costumbre, opiniones, prejuicios o el miedo?
¿Gozamos de una libertad pasiva, una libertad que no ejercemos plenamente?
Es importante y fundamental abandonar poco a poco viejas y falsas creencias, los prejuicios ligados a la costumbre; romper ciclos de vida cómoda y confortable basados en una ilusión, superar miedos y dificultades para ser capaz de comprenderse a sí mismo y desarrollar máximo potencial humano tal como decía el psicólogo Abrahan Maslow.
Escribiendo estas líneas me resuenan preguntas como: ¿Qué tantas sombras hemos heredado de nuestros padres? ¿para qué sirve eso? El internet y la tv ¿luces o sombras? Nos venden estilos de vida, apariencia e ideales predeterminados que se convierten en presión social. Las formas erróneas a veces no son ocasionadas por alguien adrede sino por nosotros mismos que inconscientemente aprehendemos esas nociones carentes de pensamiento crítico convirtiéndonos en presa de manipulación mediática, marketing de las emociones y condicionamientos sociales.
Esta analogía quizás se encuentre más vigente que nunca, ya que dado el aislamiento social consecuencia del Covid-19 la Organización Mundial de la Salud (OMS) pronostica un brote de alteraciones mentales como: síndrome de la cabaña, fobia social, etc producto de que probablemente muchos rechacen salir o relacionarse con el mundo exterior. A pesar de las teorías conspirativas que abundan por doquier todo parece indicar que es necesario permanecer en nuestra caverna (casa) e independientemente del grado de iluminación que cada quien obtenga no nos podemos desligar de las cosas triviales y cotidianas como el trabajo, reuniones sociales, noticias, etc.
La iluminación intrínseca, “darse cuenta”, “insight” o despertar será la llave que puede conducir al ser humano a un nuevo nivel de análisis, crítica y automejoramiento.
El conocimiento de uno mismo y del mundo exterior es algo complejo, abstracto y difícil no todos logran acceder a ello, muchos prefieren una vida en automatismo perpetuo. A veces tenemos cadenas pero nos acostumbramos tanto a ellas que creemos que nos mantienen a salvo, que nos protegen, cuando en realidad solo limitan nuestros talentos. La luz siempre encandila al principio pero es necesaria para poder ver paisajes, colores, formas y matices, quizás sea allí donde la vida misma comience.
¿Crees que hay algo más allá de tu caverna?

Pedro Cadenas: Licenciado en Psicología, mención Clínica de la Universidad Arturo Michelena. Docente y Psicoterapeuta con experiencia en el ámbito clínico, organizacional y deportivo.
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